A. Student
Español 3202
Trabajo de
Investigación
el 16 de abril de
2004
Las mujeres de La comedia
nueva
Escrito por Leandro Fernández de Moratín en 1792, La
comedia nueva es una respuesta a la idea que la reforma treatral española
es “una necesidad vital para el progreso y la conservación del buen gusto...”
(Higashitani 25). Una obra clave en la
historia del teatro español, esta comedia sostiene la idea central del
movimiento neoclásico, renunciando la exageración del teatro barroco y
solicitando un regreso a los principios tradicionales. Estas mentalidades contradictorias, de los
períodos barroco y neoclásico, son el asunto central de la obra de
Moratín. Además de una aplicación
directa en el teatro, Moratín examina estos dos razonamientos por medio de los
personajes. Uno de los conflictos que
Moratín analiza es la lucha entre el papel tradicional y el papel moderno de
las mujeres en la sociedad española de su época. Estos papeles son representados por los
personajes de Doña Mariquita y Doña Agustina, respectivamente. Mariquita, inculta y femenina, encarna la
mujer convencional de España del siglo XVIII.
Agustina presta más atención al teatro y a los temas académicos que a
sus propios niños, representando una pedante y una
mujer moderna. La batalla entre estas
dos mujeres y sus posiciones sociales refleja la lucha entre la tradición y la
modernidad en el teatro español y la sociedad misma.
El ambiente que Moratín crea del mundo teatral de La
comedia nueva le da al bardo la oportunidad para criticar el teatro español
de su época. “Moratín, en su comedia, en
vez de quedarse en el terreno de la teoría de los preceptos, desciende a la
práctica y crea sus escenas [...] es decir, se mete en el escenario” (Vivanco
149). Moratín rechaza los absurdos elementos
teatrales por medio de la creación de la obra moderna de Don Eleuterio, El
Gran Cerco de Vienna, dentro de La comedia nueva. Para mostrar su crítica de este teatro
barroco, Moratín destaca la obra ridícula de Don Eleuterio dentro de su propia
comedia sencilla, lógica, y tradicional.
Según Eleuterio y sus partidarios, la obra moderna contiene ingredientes
que la haría un éxito. Unas escenas
incluyen “una tempestad, y luego un consejo de guerra, y luego un baile, y
después un entierro... En fin ello es que al cabo de esta tremolina [...]”
(Moratín 116-117). Destacando los
aspectos excesivos y ridículos, Moratín argumenta por la simplicidad del
teatro. Las obras de teatro como El
gran cerco de Vienna se oponen los ideales neoclásicos porque
[...] Mezclan elementos y materias de
géneros dramáticos distintos [...]; no existe un desarrollo de la acción [...];
la inverosimiltud se la nota dominante [...]; transgreden la unidad de acción
[...] sin singuna conexión entre las partes; las caracterizaciones de los
personajes [...]; a falta de ingenio con que saber divertir al público [...] o
utilización de elementos increíbles [...] (Cabezón 104)
El bardo ataca los defectos de este teatro contemporáneo y alaba las tres
reglas sencillas de unidad por la incorporación en su propia obra. Según Aristotle, las obras teatrales deben
consistir de las Tres Unidades: la unidad de tiempo, la unidad de lugar y la
unidad de acción. Conforme a estas
reglas, una obra debe ser situada en un lugar durante sólo un día con acción
que afecta una idea central. Como una
buena obra neoclásica, La comedia nueva sigue estas normas antiguas; la
mayoria de las escenas tienen lugar en el café, ellas se desarrollan en
aproximadamente dos horas y el tema central se enfoca en la malísima obra de
Eleuterio. Con la comparación entre la
obra barroca, El Gran Cerco de Vienna de Eleuterio, y su propia obra
neoclásica, La comedia nueva, Moratín muestra uno de los conflictos
entre las ideas modernas y las ideas tradicionales en el teatro.
Más de los escenarios del teatro, estos conflictos
envuelven los personajes. “Para hacer
más efectivo su sátira, Leandro Fernández de Moratín ilustra lo que critica
haciendo que los personajes reciten o describan determinados pasajes de la
comedia heroica esríta por D. Eleuterio”
(Cabezón 71). Moratín
usa el teatro para crear una dicotomía de mentalidades; una división que se
extiende a los personajes de Doña Mariquita y Doña Agustina. Además de la discrepancia de sus opiniones
sobre la obra teatral, ellas personifican la tensión entre los ideales modernos
y tradicionales que afecta sus papeles femininos en la sociedad.
Mariquita no es inteligente en terminos académicos, pero ella sí tiene el sentido común. La joven no sabe mucho de los libros, pero entiende el mundo que la rodea. Mariquita no es “excesivamente intelectual pero sí conocedora de todas las tareas del hogar” (Cabezón 85). Ella misma revela, “... si soy ignorante, buen provecho me haga. Yo sé escribir y ajustar una cuenta, sé guisar, sé planchar, sé coser, sé zurcur, sé bordar, sé cuidar de una casa; yo cuidaré de la mía, y de mi marido y de mis hijos, y yo me los criaré. Pues, señor, ¿no sé bastante?” (Moratín 102). Mariquita se da cuenta de su debilidades intelectuales, pero enfatiza su fuerte competencia maternal. Ella cuestiona el valor de la facultad academica con respecto a la capacidad feminina. Sin embargo, los cerebros modernos, a quien Mariquita habla, no pueden pensar en otra manera o de otra perspectiva además su propia. Por eso, la falta de educación y las metas de la joven de casarse y cuidar a los niños, representan el papel antiguo de la mujer. Los personajes modernos piensan que estos ideales pertenecen a un sistema que reprime a la mujer; pero en este papel Mariquita está libre para decir su opinión. El sistema barroco, con las ideas contemporáneas y liberales, es la fuerza verdadera que trata de silenciarla. Agustina, una cuñada desagradable y una mujer moderna, es un ejemplo perfecto de esta fuerza reprimida. Agustina constantemente se burla de los pensamientos tradicionales de Mariquita. Una vez, cuando las hermanas están hablando sobre el casamiento entre Mariquita y Hermógenes, Mariquita expresa su falta de comprensión de su prometido, quien “casi siempre [...] responde en latín” (Moratín 100). Mariquita simplemente quiere un matrimonio que se base en la comunicación y el entendimiento. Agustina se pone frustrada con la joven Mariquita y sus ideas incultas y le reprende, “Calla, majadera, que vas a decir un disparate” (Moratín 101). La mentalidad moderna rechaza los valores tradicionales y no acepta sus maneras de pensar ni sus opiniones. Sin embargo, por media de esta voz feminina de Mariquita, el Moratín destaca el valor del papel tradicional de la mujer y por eso la importancia del movimiento neoclásico.
El personaje con valores y
características opuestos de los de Mariquita es su cuñada Agustina. Agustina es inteligente, pero su conocimiento
está limitado a los cursos académicos, como el teatro o el latín. Orgullosa de
su mente, ella critica la poca inteligencia de Mariquita con comentarios como,
“¡Qué tonta eres, y qué falta de comprensión!” (Moratín 99). Agustina usa su cerebro para escapar del
papel tradicional de una mujer. Ella
ayuda a su marido con sus obras y rechaza la maternidad que “ [...] considera
[...] un estorbo para su pretendida labor intelectual” (Cabezón 84). Agustina se queja de sus niños y su papel
maternal, diciendo que,
“ [...] es increíble lo que aquellas criaturas me molestan. El uno que llora, el otro que quiere mamar,
el otro que rompió la taza, el otro que se cayó de la silla, me tiene
continuamente afanada. Vaya, yo lo he
dicho mil veces, para las mujeres instruidas es un tormento la fecundidad”
(Moratín 101). Con una mentalidad
moderna, esta mujer prefiere una carrera más que ser una
ama de casa y una madre. Ella cree que
una mujer inteligente merece la oportunidad para tener un trabajo y una vida
exitosa como los hombres. Agustina
siente que la vida de una mujer educada es malgastada por la fertilidad y los
hijos.
Las mentalidades y los papeles sociales de las
mujeres afectan mucho las opiniones de Mariquita y Agustina sobre la obra de
Eleuterio. “Sobre todo la figura de la
cándida Doña Mariquita se describe con mucha habilidad [...] ella produce un
contraste eficaz actuando como una mujer normal y, por lo tanto, profundamente
femenina, representante de la voz del sentido común” (Higashitani 106). En el acto segundo, la primera escena, cuando
Don Serapio, Don Hermógenes y Doña Agustina alaban la obra de Don Eleuterio,
Mariquita cuestiona muchos elementos.
Ella dice, “Pero a mí me parece que no es regular que el emperador se
durmiera, precisamente en la ocasión más...” (Moratín 97). Mariquita interpreta estos elementos como
exageraciones tontas que no pertenecen al teatro y no tienen sentido. La joven entiende los gustos del público y
predice el fracaso de la obra cuando refiere a la escritura de su hermano como
“disparates” (Moratín 109). Ella también
revela su repugnancia de la obra cuando dice, “Y a mí me parece que unas
comedias así debían representarse en la plaza de los toros” (Moratín 107). Según la opinión de la joven, la obra de su
hermano no tiene ningun valor literario.
Mariquita comparte esta creencia sobre la malísima
obra con Don Pedro, la voz del bardo Moratín, y revela sus pensmientos
libremente. Pero en su examinación de La
comedia nueva y los personajes, Giuseppe Carlo Rossi hace una afirmación
falsa cuando dice que Don Pedro es “el único personaje que dice siempre la
verdad” (Rossi 99). Mariquita no es
erudita y no sabe mucho del teatro, como Pedro, pero ella sí sabe lo que no le
gusta y da su opinión sin miedo. Según
el crítico Cabezón, Mariquita es “la voz de Moratín en escenas en las que D.
Pedro se halla ausente” (Cabezón 73).
Por eso, la joven expresa los ideales neoclásicos y sugiere un regreso a
lo tradicional.
Mientras Mariquita rechaza los valores contemporáneos de la vida y lógicamente los del teatro, Agustina los abraza. Sólo posee el conocimineto y el entendimiento sobre la información que se puede encontrar en los libros; Agustina carece del sentido común. Una pedante verdadera, esta mujer está tan ensimismada en los asuntos intelectuales y la critica de gente menos erudita, que no puede ver el fracaso potencial de la obra. Ella no se da cuenta de que los espectadores pertenecen a la clase común. Agustina destaca los elementos modernos de la obra que ella cree que va a añadir a su éxito. “Figúrese usted una comedia heroica como ésta, con más de nueve lancees que tiene. Un desafío a caballo, una función de máscara, un incendio de ciudad, un puente roto, dos ejercicios de fuego y un ajusticiado; figúrese usted si esto ha de gustar precisamente” (Moratín 106). Sin embargo, para el público, esta escenas parecen ilógicas y absurdas y por eso la gente no puede identificarse con este tipo de teatro barroco.
Además de la reforma
del mundo teatral, el dramaturgo trata de influir su mundo actual en
España. “Tenía que llevar al escenario
los vicios, errores y defectos de la vida cotidiana y a través de la critica
suave insinuarlos ante los ojos del público para que los corrigiera, o sea, en
último término pretendía instruir al pueblo” (Higashitani 50). Su crítica del teatro y de los personajes
intenta destacar las acciones y los valores de la gente española del siglo
XVIII. Por medio de los personajes de
Mariquita y Agustina, nuestro dramaturgo cuestiona tanto el papel de la mujer
en la sociedad y en el hogar como su nivel de educación. Obras como La comedia nueva son
reflejos directos del público que inician un estado de conciencia sobre los
comportamientos y las actitudes que se asocian con las mentalidades. “El arte escénico por ser en esa época un
espectáculo de masas [...] de gran repercusión e influencia en la ‘cultura
nacional’, debe aspirar a convertirse en instrumento al servicio de unos nuevos
ideales, la reforma cívica y moral de la sociedad” (Cabezón 106). La gente puede ver a sí misma en la obra y
reflejar sobre la estructura de su vida y la sociedad. Con su propia realización y la guia del
dramaturgo, la audiencia tiene una oportunidad para cambiar algunos aspectos de
su propia vida y por lo tanto para rectificar su época.
En su obra neoclásica, La comedia nueva, Moratín regresa a las reglas tradicionales que no pertenecen al teatro barroco. “Así Moratín intentó adoptar las normas de los antiguos para que fueran respetadas, no sólo por él, sino también por todos los autores teatrales, y de este modo para dar un estímulo nuevo al teatro español descompuesto, y recobrar la normalidad perdida” (Higashitani 40). El dramaturgo exige una recuperación de las maneras antiguas para facilitar el progreso y conservar el buen nombre del teatro español. Por su enfoque en la lucha entre las mentalidades neoclásicas y barrocas, Moratín atrae atención a los ridículos aspectos modernos. Nuestro bardo expresa una de las batallas entre los pensamientos tradicionales y modernas del teatro por media de las ideas diferentes de Mariquita y Agustina sobre temas de la educación, la feminidad, y el teatro mismo. Además de una representación teatral, este conflicto pertenece a los problemas verdaderos nacionales durante la época de Moratín.
Higashitani, Hidehito. El teatro de Leandro
Fernández de Moratín.
Mayor Scholar, 1973.
Moratín, Leandro
Fernández de. La comedia
nueva.
Rossi, Giuseppe Carlo. Leandro Fernández de Moratín: introducción
a su vida y su obra.
Vivanco, Luis Felipe. Moratín y la Ilustración
mágica.
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